Apóstata
Fusil de francotirador · Leyenda"La supervivencia es nuestra la escritura más sagrada. La heterodoxia será su propia perdición". (Kuldax)
"Oh, tu hijo roto del Enjambre. Oh, tu terrible criatura de la prole Oculta. Todo se postrará para que tú renazcas. Todo sangrará para que las estrellas mueran". (Una plegaria para Zulmak, primer verso)
Fue Kinox quien vislumbró la verdad en cada error. Muchos lucharon por seguir la lógica, mas con cada doloroso esfuerzo salían nuevas grietas a la luz. Poco importaba si la culpa residía en la mismísima lógica o en aquellos que quedaban para desafiar su promesa. Solo importaba la cruda realidad del Enjambre que caía en la espiral del fracaso. Su perdición. Su condena. Sin una fuerza que los uniera y guiara, mediante respeto o control, el Enjambre solo podía marchitarse y morir. O peor, verse reducido a cenizas por el poder del ejército del Viajero. Hashladûn ya había llevado a cabo vanos intentos de resucitar a su abuelo. Había poder en las pesadillas, no cabía duda, pero no era un poder que pudieran enjaular hasta que pudieran controlarlo. Aquel esfuerzo fue un desperdicio, pero luego surgió una nueva posibilidad. El foso estuvo a punto de proporcionar un campeón. La lógica casi había demostrado estar en lo cierto. Kinox había intentado hacer ver a sus hermanas mayores el potencial de un guerrero roto y regido por su voluntad, pero ellas se habían perdido en su propio camino sin salida. Así pues, Kinox actuó según su nueva verdad, que era la siguiente: "Si todos son indignos, todos buscarán subvertir los principios de la lógica de manera grandiosa e infinitesimal, porque todos volverán a su forma más verdadera: todos serán supervivientes". Kinox no era distinta, salvo por el hecho de que en este discernimiento había dado con su propio poder. En este discernimiento era libre de actuar sin remordimiento ni temor a la herejía. Porque, si los pecados nos atraen a todos, ninguno es pecador; lo son aquellos que no se adaptan a la evolución forzada de su fe rota.
