Bronca
Fusil de pulsos · LeyendaTanto con las armas como con las palabras, la falta de precisión puede ser letal.
Mithrax atravesó el estrecho callejón del bazar. Su visita a la Torre hizo que se sintiera fuera de lugar, como un gigante que se pasea por un mundo diseñado para seres pequeños… Y ese era su caso, pensó.
Retrocedió para desenredar los tubos de éter que se habían enganchado a un borde irregular de la pared de ladrillo y algo chocó violentamente contra su codo.
Su mente se llenó de pronto de ardiente amargura: una ráfaga de furia afilada.
Mithrax vio a un psiónico, vestido con los colores de la emperatriz Caiatl; se frotaba los ojos y se retorcía de dolor.
"Lo siento", dijo Mithrax cortésmente. "Tú debes de ser el que ayuda a los guardianes a enfrentarse a la colmena".
El psiónico lo miró y asintió. Luego, agachó la cabeza en señal de disculpa. La visión abandonó la mente de Mithrax de inmediato.
Mithrax se llevó una mano al pecho y anunció: "Soy Misraaks, kell de la Casa de la Luz".
El psiónico hizo una pausa y se señaló el pecho y, luego, la cabeza de Mithrax. Extendió las manos, como esperando una respuesta.
Mithrax asintió. En su mente apareció una variedad de cubos color naranja, una hélice de aletas oscuras que giraba y la sensación de morder una fruta verde.
La visión desapareció. "¿Ese es tu verdadero nombre?", preguntó Mithrax. El psiónico se inclinó en una breve reverencia.
Mithrax sonrió. "Ahora entiendo por qué los guardianes te llaman 'el psiónico'", dijo.
Una bandada de aviones amarillos revoloteó por la mente de Mithrax: una carcajada.
Mithrax se hizo a un lado y el psiónico pasó por su lado. Al hacerlo, recibió una última visión: un pestañeo de brillo alegre y cálido que se desvanecía, pero prometía volver.
"Igualmente", dijo Mithrax. El psiónico dobló la esquina y desapareció.
