Cifrado Despedazado
Ametralladora · LeyendaTodas las puertas se abren ante ti.
Helena miró con desconfianza hacia las ventanas rotas del edificio abandonado y comprobó de nuevo las coordenadas en su tabla de datos. Nunca había estado en esa parte de la Ciudad.
"¿Mamá?", llamó dubitativamente y su voz resonó por el espacio vacío.
"Aquí", respondió su madre. Helena sintió un nudo en el estómago.
Abrió una puerta oxidada y vio a su madre en una pequeña habitación de hormigón, llenando frenéticamente unas bolsas de viaje con los objetos que había sobre una mesa. Junto a la pared más alejada, otra mujer enrollaba una lona de plástico. En el aire, había un peculiar olor químico.
Un hombre que cargaba una gran bolsa negra pasó por su lado y dejó tras de sí un olor a colonia, alcohol y sudor rancio.
Helena vio que, en la mesa, había un pequeño bloqueador de señales que parpadeaba con una luz naranja. Detrás, un exo estaba metido hasta la cintura en una grieta que había en el suelo y que estaba rodeada de barras metálicas.
"Es estrecho", protestó mientras se retorcía para hundirse más en el hueco, "supongo que no habrá ido muy lejos. Lo encontraré". Desapareció por la abertura.
"¿Qué pasa?", preguntó Helena.
"No preguntes", dijo su madre mientras se apartaba un mechón rubio de la cara. "Tenemos que irnos". Señaló hacia el rincón. "Limpia aquello".
Helena se cruzó de brazos con recelo. "¿Mamá, qué haces aquí?".
"No tengo tiempo para explicártelo", espetó su madre. "Tú no sabes lo que pasa. No los has visto fisgonear por las ventanas. No has oído lo que dijeron en el puesto de ramen".
Por primera vez, su madre la miró, y Helena se dio cuenta de que una peligrosa intensidad ardía en sus pupilas. "Aprovechan la oscuridad para cegarnos y no vamos a permitirlo. Ahora, ayúdame".
Lentamente, Helena se dirigió hacia la basura amontonada en el rincón. Había toallas empapadas de un fluido azul, tubos de goma, extraños pedazos de metal y una tarjeta en la que se leía: "Temporal".
Su voz sonó ahogada. "Mamá, ¿qué has hecho?".
