Discurso Inaugural
Fusil de pulsos · LeyendaOrigen: La Guerra Roja
Mi primer acto como emperador fue enviar al Cónsul al páramo. El sol dorado quemaría su forma corrupta; un símbolo apropiado para la revolución que iba a ser mi reino.
Lore
Quería un desierto de arena blanca y pura como escenario para mi celebración. Tardaron tres días en despejar el páramo de piedras y plantas de colores inoportunos pero, cuando acabaron, era el lienzo perfecto para el pabellón violeta. Bajo el resplandor del sol, recreamos mi corte en casi todos los detalles.
El primer acto de mi coronación fue hacer que el Cónsul se arrodillara a mis pies. Era una figura patética, despojada de título, rango y vestimenta. Nunca volvería a ostentar poder y no engendraría ningún heredero. Me aseguré de eso personalmente.
Solo le dije una palabra: "Corre".
