Dulce Pesar
Fusil automático · LeyendaUna inscripción tachada en el cañón dice: "Un cumpleaños es solo un número. ¿Qué tal si elegimos este?".
Amanda Holliday arroja una llave inglesa contra la pared, el gruñido por el esfuerzo queda subrayado por el sonido agudo del metal contra el metal. Sus hombros suben y bajan con cada inhalación laboriosa en el silencio que sigue.
Resopla ligeramente y avanza con rapidez. Examina la superficie de la herramienta en busca de grietas y, con los dedos, busca frenéticamente el enchufe. Gira el trinquete esperando oír el clic reconfortante de los engranajes. Pero no pasa nada, nada se mueve en ninguna dirección.
"Maldita sea", protesta Amanda frotándose los ojos con las manos. "¡Maldita sea!".
Ve un casco de carreras a sus pies y lo envía al otro lado del garaje de una patada.
Todo a su alrededor le recuerda su ignorancia: un fusil automático azul y blanco de diseño cabal con una inscripción en el cañón. Su restaurante de ramen favorito y los lugares de interés marcados por un círculo en el mapa de la Última Ciudad. Una tabla de datos cargada con las coordenadas del circuito de carreras del viejo Precipicio Haakon. El colibrí casi terminado en el que Niik y ella habían estado trabajando, adornado con plumas blancas y negras que habían aerografiado.
"Maldita sea", susurra Amanda. Apoya la espalda en la pared, se deja caer sobre el suelo y reposa la cabeza sobre el motor frío del colibrí que hay junto a ella. Acerca las rodillas al pecho; luego, vuelve a desahogarse con la cara enterrada en las rodillas y rompe a sollozar.
De todos los amigos que podría tener, de todas las personas que podrían ser importantes en su vida, de todos los horribles giros del destino que podría soportar…
… ¿por qué tenía que ser él siempre?
