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El Criptarca
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El Mensajero

Fusil de pulsos · Leyenda
Portador de malas noticias.
Lore

Aunor estaba de un humor de perros cuando se teletransportó a la biblioteca privada de Ikora. No le gustaba ir a la Torre. Incluso estando en una habitación sin puertas y lejos del húmedo sótano del anexo, podía sentir el hedor sulfúrico del Nómada. No entendía cómo los demás podían aguantarlo.

Su irritación empezó a desvanecerse cuando Ikora le sonrió desde su mesa. "Me alegro de verte", dijo.

"Bonita forma de decirlo. Pensaba que me habías llamado por un asunto de suma importancia".

"Quizá sería más acertado decir 'alivio'. Una tarea como esta no se la puedo confiar a cualquiera". Ikora la invitó a sentarse con un gesto, pero Aunor rechazó la oferta.

"¿En serio?".

"Era un cumplido. No una crítica a los demás".

"No es necesario que me hagas la pelota antes de enviarme a una misión desagradable".

Ikora suspiró y sacó su tabla de datos. "Hay otra guardiana corrupta en nuestras filas".

Dentro de su capa, sonó la tabla de Aunor. La sacó y empezó a leer el documento. "Desobediencia, venta de secretos de la Vanguardia… Lo típico. ¿Tortura prolongada y deliberada?", alzó la mirada con curiosidad.

"Civiles caídos que huían de la Casa de la Salvación", respondió Ikora. "Según su escuadra, quería saber cómo había accedido Eramis a la Oscuridad. Cuando quisieron intervenir…". Ikora no terminó la frase.

"¿También torturó a sus compañeros?", preguntó Aunor intrigada.

Ikora asintió con la cabeza. Aunor guardó su tabla en la capa. "¿Adónde se dirige ahora?".

"Creemos que sigue en Europa, intentando acceder a la Oscuridad por su cuenta".

"Tiene lógica. Ahora que la Vanguardia ha levantado la prohibición, tiene una buena coartada. Al igual que cualquiera que se sienta tentado por ese poder", añadió categóricamente.

"No me hagas repetirlo otra vez. La Vanguardia…".

"La Vanguardia ha permitido la entrada de la Oscuridad en la Torre. Permite que los guardianes jueguen con ella, siempre y cuando lo hagan bajo la vaga supervisión del Nómada. Y, cuando no es así, me envías a por ellos como castigo".

"Como castigo no", corrigió Ikora. "Como redención. Les ofreces la opción de cooperar, de enmendar sus actos egoístas y volver al lado de humanidad".

"Pues, hasta el momento, nadie ha aceptado tales ofertas".

"Alguien lo hará".

"¿Y esa tal Trestin? ¿Será ella la primera? ¿Cuántos llevamos ya? Llegados a este punto, lo único que les ofrezco es la opción de que me maten ellos primero".

"Basta". A Ikora le brillaban los ojos. "No fingiré optimismo con el resultado de este caso, ni de los casos que vendrán. Pero eso no significa que todos los que se han corrompido estén perdidos para siempre. Hasta que no se demuestre lo contrario, tus órdenes son las mismas. ¿Está claro?".

Aunor la miró fijamente con los dientes apretados. "¿Los casos que vendrán?". Ikora meneó la cabeza. "Déjalo. Ya me lo dirás cuando hayan causado estragos por ahí".

"No tienes por qué hacerlo, si no quieres", dijo Ikora. "Lo entendería".

Aunor despejó todas las dudas. "Cumpliré mi promesa", dijo antes de desaparecer con un destello azul.

Sonando

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