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El Criptarca
en

Eremita

Fusil de fusión · Leyenda
Repliégate en la mente.
Lore

Mi reina:

Sin duda, habrás leído los informes. No me disculpo por el ritual que he llevado a cabo, ni por aquello en lo que me convierto bajo sus efectos. Tú también has hecho muchas cosas en tu vida que han demostrado quién eres.

Los guardianes me ven libre de ataduras. No controlo mis emociones cuando entro en el Olvidadero y me entrego a mi transformación. Te avisé de esto hace muchos años, cuando tenía miedo de lo que podría hacer. Pero ya no tengo miedo. El momento de las advertencias ha pasado. Tenemos el conocimiento que necesitamos.

Hace mucho tiempo, te advertí de la amenaza de Oryx y de la inminencia de su llegada. Hablé de su lógica de la espada y su mundo trono, de su gusano insaciable y del poder de su Acorazado.

Con esta información, lograste algo maravilloso. Tu mundo trono, tu Eleusinia, es un testamento de tu voluntad, de las habilidades de tus técnidas y del deleite de Riven. Desafortunadamente, su profanación es, por lo que sabemos, irreparable. Tengo la certeza de que una vez fue bello.

Pero creo que también fue la única excepción en un proceso de creación exclusivo de la colmena. Si solo hiciera falta el asesinato de un ser poderoso, todos los guardianes podrían disfrutar de su propia creación.

Recuerda que fue gracias a la magia de la colmena que Hiraks, el barón repudiado —o el Doblegamentes, como querían que lo llamasen—, creó un trono asesinando a Cayde-6. También fue así como Crota generó su propio trono.

Por supuesto, conocemos bien los tronos de Oryx y de Savathûn. Un casco de gusano óseo; un exuberante jardín de Luz. Otros han podido vislumbrar brevemente el terrible trono de Xivu Arath. Se abre como unas fauces y la sigue allá donde hay guerra.

Los suyos fueron involuntarios. No sabían lo que habían creado tras su primera muerte verdadera. Con su fuerza y el poder de sus gusanos, crearon algo funesto y, al morir, se encontraron a sí mismos dentro. Imagina la primera vez que los dioses de la colmena vieron sus mundos. Replegarse al trono de uno es hacerlo a las divergencias de su mente. Es una confrontación inhóspita.

Tú estabas debidamente preparada para el tuyo. Esa fue la consecuencia de mi advertencia. Imagino que yo también me sorprendería por las divergencias del mío, como me sorprenden ahora mis propias emociones. Pero imaginarlo debe ser suficiente para mí.

Eris Morn

Sonando