Escapada Retroadaptada
Ametralladora · LeyendaDalo todo en tu último trabajo.
"¡Aquí es! Aquí es donde se escriben las leyendas", brama Ana en una enorme sala vacía forrada de paneles brillantes. Desde el suelo se eleva el zócalo de una consola.
Se gira hacia una decepcionada Elsie. "Shaxx gritaba eso cada vez que entrábamos en una nueva arena del Crisol. Ahora todas están simuladas aquí".
"¿Qué más puede simular?", pregunta Elsie con las manos en la consola y la mente abierta a todas las posibilidades.
"Muchas cosas, supongo. Tienes que decirle lo que debe hacer, y las instrucciones tienen que ser bastante claras, como si fuera un plano", explica Ana.
"¿Recuerdas…?", Elsie se detiene. "Deja que te enseñe algo". Saca un cable fino de su muñequera y lo inserta en la consola, donde carga su propio plano.
La sala se digitaliza brevemente antes de convertirse en una pequeña pista deportiva anodina. En lugar de la consola, aparece una encimera provista de un disco ovalado de latón, grabado con ranuras que forman trayectorias orbitales alrededor de un orbe de latón suelto.
"Este es un juego llamado 'Sacra'", dice Elsie mientras recorre hábilmente los surcos con los dedos. Golpea la esfera, que flota hasta el centro de la pista. Unas líneas rojas se desvanecen en el aire que la rodea; cada una de ellas traza un camino diferente. Elsie pasa los dedos por un surco de latón y una piedra holográfica aparece en sus yemas.
"Ese orbe tiene gravedad propia. Tienes cinco piedras para poner en órbita; el objetivo es alinearlas formando una pila en un punto de intersección. Entonces se fusionarán y, si sobreviven a una órbita juntas, ganas".
Ana se toca la barbilla. "Parece bastante matemático".
"Usar las matemáticas es una estrategia ganadora; el ritmo es otra", dice Elsie. "Al golpear la piedra del oponente de frente, se destruyen ambas; si no lo haces de frente, solo le darás un empujón".
"Muy bien, hermana. Abróchate el cinturón, porque voy a hacerte morder el polvo".
Elsie se estremece. "¿Tienes alguna habilidad instintiva bajo la manga?".
"Yo piloto una nave espacial todos los días. Se me dan de lujo las órbitas".
Juegan muchas veces, de forma cada vez más competitiva, cada vez más igualadas.
A pesar de todo, Elsie siempre acaba ganando, y cada vez Ana se enfada más y más. Refunfuña, frustrada.
"Podemos dejarlo", le ofrece Elsie.
"Una vez más".
Vuelven a empezar.
Las dos hermanas trazan órbitas y lanzan sus piedras hacia ellas. En la quinta, Ana detecta un hueco y realiza un lanzamiento. Las órbitas de sus piedras se alinean en una pila de Sacra.
"¡He ganado!", Ana irrumpe en el aire entre los remolinos rojos.
Elsie mira su propia piedra, que se acerca lentamente a la pila de Ana. "¿Estás segura?".
Señala mientras se desplaza suavemente en una trayectoria de colisión y dispersa las piedras de Ana.
"¡Maldita sea!", Ana se hunde en el suelo y aprieta la cara contra las palmas de las manos antes de echarse sobre su espalda. "¿Al menos se puede decir que he mejorado algo?", refunfuña.
Elsie se pone a su lado y se acuesta lentamente junto a Ana. "No. Eres exactamente tan mala como antes".
La sonrisa de Elsie se dibuja primero. Luego la de Ana, de mala gana.
Una satisfacción silenciosa. Espontánea… y genuina.
"Pero… esto sí que ha mejorado".
