Gjallarhorn
Lanzacohetes · Excepcional"Si hay belleza en la destrucción, ¿por qué no también al causarla?". (Feizel Crux)
Randy por fin alcanza la Torre. Ha sido un largo camino desde el Cosmódromo, pero Shaw Han le había indicado bien cómo llegar. Su nave solo había explotado dos veces en el viaje desde la Antigua Rusia, e incluso encontró algunas cosas de valor mientras defendía el segundo (y mucho mejor) trabajo de reparación de su Espectro.
A medida que se materializa en la plataforma de recibimiento de la Torre, una horda de humanos y guardianes de todas las "edades" se reúnen alrededor de una sola figura, al fondo de la multitud. Randy puede percibir un aura mítica, casi exótica, que emana de la figura. Se abre paso a codazos entre la muchedumbre para poder echar un vistazo. Cuando por fin consigue llegar, entiende qué era lo que los atraía: el guardián. Allí, de pie, con una pierna sobre la barandilla de la Torre. El Espectro de Randy le ha hablado varias veces sobre esta persona. Como si perteneciera a una casta de héroes.
No es para tanto. Randy también era un héroe.
"Asombrosa", dice un titán sobre el arma que el guardián lleva en las manos. Randy mira al titán, que lleva un extraño visor de cota de malla.
"Solo es un lanzacohetes. Me hice con uno de esos en la Antigua Rusia el otro día", alardea Randy con orgullo, desenfundándolo mientras lo dice.
Su Espectro, Dandy, le da un toque. "A ver, escucha, azulito", dice Dandy, "Eso que observas en las manos del guardián es un dispositivo de despliegue de jauría de primera. Cada disparo suyo desata un infierno en forma de lluvia de microcohetes guiados. ¿Sabes que a un enjambre de abejas asesinas se le llama 'enjambre asesino'? Pues deberían haberse guardado ese nombre para esto".
Randy sostiene su Malos Presagios. "Puedo colocarle un módulo de rastreo". Dandy se ríe. "Supongo".
Randy observa el Malos Presagios. Su orgullo se convierte en frustración por la mediocridad de su equipamiento. En un arranque de ira, tira el lanzacohetes por encima de la cabeza del guardián y de la barandilla de la Torre.
El guardián se gira y adopta una posición firme. Se lleva el Gjallarhorn al hombro y dispara el lanzacohetes que, como si de una erupción volcánica se tratase, reduce el Malos Presagios a añicos. Micromisiles de rastreo dan caza a cada pedazo de metal y lo convierte en una explosión de fuegos artificiales antes de que llegue a tocar el suelo. El hedor agridulce del combustible quemado queda suspendido en el aire.
Randy se queda boquiabierto.
El guardián da un paso adelante y coloca el Gjallarhorn en las manos de Randy con una sonrisa.
"Mejor, da comienzo a tu leyenda con esto".
