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El Criptarca
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Hereje

Lanzacohetes · Leyenda
"Muerte solo hay una y es un final definitivo. Todo lo demás es sacrilegio". (Kuldax)
Lore

Hashladûn escrutó los recovecos oscuros de las criaturas de pesadilla y no encontró esperanza alguna. El linaje de las Hijas había muerto y la destrucción se plasmaba en unas terribles cicatrices a lo largo de la superficie de la existencia, mas no había rastro de la llamada de su padre ni del padre de su padre desde el vacío. Pero la energía de la Pirámide era la de la creación; no la de la vida en sí, sino otra. El caos, la negación y la crudeza presentes entre los pensamientos y el miedo. Estas terribles obras eran completamente incognoscibles e infinitamente seductoras. Las Hijas se encontraban atemorizadas y ansiosas tras la promesa pactada en las profundidades de lo eterno desconocido. Si la gran esencia del Rey de la Subyugación y su caprichoso Príncipe de la Aniquilación se habían esfumado de verdad, las Hijas irían en busca de nuevos senderos en la oscuridad a través de los cuales reinarían en nombre de su progenitor. Y si la lógica de la espada requería la sangre de todos los contendientes, construirían a un campeón digno del trono del Aniquilador, aunque atado a sus siniestros deseos. Su abuelo no lo aprobaría, pues la malicia y el engaño no eran sus caminos. Pero las Hijas estaban solas y el Enjambre empezaba a moverse. Fue Kinox quien abocó a sus hermanas a actuar. Fue Hashladûn quien ofreció la esencia primordial del terror como guía. Y fueron Besurith y Voshyr quienes reunieron los restos de un campeón derrotado: un expoliador que se enfrentase a todos los que se opusieran a su gobierno. Una nueva raza de destructor.

Sonando