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El Criptarca
en

Ley del Bandolero

Pistola · Leyenda
Una verdadera masoquista.
Lore

Val'aug reflexionó sobre la elaborada pistola que tenía en la mano. Se la había quitado al escoria que ahora yacía en el suelo, bajo su bota. Cuando estaba en la Legión Roja, envidiaba las armas ornamentadas de los caídos, pero ahora que tenía en su poder la pistola de un carroñero, sintió un anhelo repentino por la seguridad que le ofrecía el peso de las armas cabales estándar.

Cuando Val'aug desertó para crear su propia empresa, se imaginaba que obtendría ganancias y gloria, y que su nombre terminaría formando parte de la historia del sistema solar. Se imaginaba libre.

Pero la realidad de su feudo pirata resultó ser menos satisfactoria de lo que había previsto. ¿Su oficina central? Una casucha de mala muerte esculpida en un asteroide. ¿Su arsenal? Una amalgama de armas desechadas y en mal estado. ¿Su tripulación? Una panda de ladrones y asesinos que no dudarían en usurpar su poder ante la mínima muestra de debilidad. Adiós a la libertad soñada.

Con el paso de los años, su sed de gloria se fue transformando en una necesidad sombría de mantener el orden para defender lo poco que le quedaba de las garras de sus veleidosos "aliados". Incluido el escoria patético que ahora mordía el polvo del asteroide estéril.

Es cierto que no era más que un estafador de poca monta motivado por la desesperación, pero, aquí afuera, no había lugar para las concesiones o la clemencia, por pequeña que fuera la transgresión. En un lugar como este, no había lugar para la justicia, solo para el castigo.

Metió una bala en la recámara de la pistola del escoria y dio un suspiro.

Sonando