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El Criptarca
en

Losa Susurrante

Arco de combate · Leyenda
Canta sobre penas que todavía no hemos vivido.
Lore

Eris Morn camina a paso lento y en silencio hacia un Nómada demacrado que mete bolsas pequeñas en bolsas más grandes. Motas tenues y agotadas yacen esparcidas por todo el Desahucio mientras se evaporan poco a poco. Recoge una mota del suelo y prende su luz abrasadora sobre la superficie agrietada. La luz lucha por salir entre los huecos. Deja caer la mota que se desintegra y se pulveriza contra las grietas del suelo. Cruje como el cristal.

El Nómada se gira hacia el ruido con un traspiés. Aparta la mano de la funda de su Confianza cuando reconoce a Eris. "¿No te enseñaron que espiar está mal? Es de mala educación".

"Lo tendré en cuenta. ¿Te vas?".

"De viaje. ¿Se puede saber cómo has entrado?".

"La esclusa estaba abierta".

"Ajá".

"Si dijera que he venido a participar en tu carrera de locos, ¿cambiarías el tono?".

"Ajá…".

Eris relaja los hombros y se acerca al Nómada. "Necesito tu ayuda".

"Ajá", el Nómada frunce el ceño con desconfianza. "¿Para qué? ¿No habías salvado ya al universo?", y sigue guardando bolsas dentro de bolsas.

"Siempre hay peligros que acechan. Si te digo la verdad, no sé si he ayudado en algo".

Eris le entrega una bolsa. "Necesito que me enseñes lo que sabes".

"¿Tú? No".

"He tenido algunos problemas últimamente".

"Es lo que tiene la vida".

"Necesito saber cómo", dice Eris dubitativa, con la autocensura propia previa al sacrilegio. "Enséñame a interpretar la Oscuridad".

"¿Qué soy? ¿Una especie de gurú místico? Déjame ya. Yo me largo".

"No me ignores", dice Eris con voz calmada y lacerante. "Ambos hemos presenciado lo que hay bajo la superficie".

El Nómada deja caer el paquete que sostenía y tumba una moneda de jade en la mesa de trabajo.

"Asher está atrapado en sus propios pensamientos", dice mientras posa con delicadeza la palma sobre la mesa, junto al Nómada. "Ikora… lo intenta. Escucha, pero no entiende. Nadie escucha".

El Nómada se guarda la moneda en el bolsillo y se gira hacia ella. La escruta con la mirada. "La experiencia es una mierda". Agacha la mirada hacia la pasarela del Desahucio y a través de las puertas que lo llevarían a su cargamento. "Yo no hago favores. Me deberías una".

Eris asiente. El Nómada despeja la mesa de trabajo y saca un asiento retráctil.

"¿Cuánto tiempo tienes?".

Ambos se sientan. Hablan. Escuchan. Los vínculos se forjaban en la Luz y la Oscuridad de los secretos intercambiados mientras el Desahucio pende en órbita alrededor de la Tierra. Se hacen pactos. Pronto tan solo queda el silencio del saber entre ellos.

"La próxima vez que pases por la Luna, sacúdete los pies. Me has dejado el suelo hecho un desastre".

Eris sacude la cabeza y se encamina hacia la esclusa.

El Nómada le grita a la espalda. "¡Y avisa la próxima vez! Podría haberte metido un balazo entre esos ojos tan bonitos".

"Tendré muy en cuenta tus innumerables excentricidades de ahora en adelante".

Sonando