Mantícora
Subfusil · ExcepcionalQue vuele mi picadura.
Al otro lado del Plano Ascendente, en el teatro de la mente, una reina y una diosa de la guerra libran una batalla. En su arena, la elocución se convierte en una lanza y la convicción en un escudo.
"ERES MEZQUINA", ataca la diosa de la guerra. "CORTA DE MIRAS. VALORAS LA VIDA POR ENCIMA DE LA VICTORIA".
Sus palabras son afiladas, sus pensamientos maliciosos. La reina se defiende y contraataca.
"Y tú solo piensas en una cosa", le espeta a su oponente. "Eres miope. Eres la guerra y nada más".
Un golpe de refilón. La diosa de la guerra replica.
"LA GUERRA ES ETERNA. TÚ NO. TE MARCHITAS Y MUERES, COMO TUS EJÉRCITOS. COMO TUS SÚBDITOS".
La punta de la lanza de la diosa de la guerra da en el blanco. La reina recibe un golpe, pero no cae. Ajusta su táctica e intenta una vez más perforar la armadura de su enemiga.
"La guerra es insaciable", responde. "Debes luchar siempre, o te consumirá a ti en lugar de a tus enemigos. En realidad, tú no eres la guerra. Solo su avatar".
Una maniobra hábil. La diosa de la guerra está sorprendida y complacida. Responde pivotando hacia un nuevo ángulo de ataque.
TU HERMANO TE REHÚYE.
La reina vacila. Es una brecha en sus defensas que no cubrió adecuadamente. La sangre psíquica se filtra desde una herida mental.
Pero se recupera.
"Tu hermana conspiró contra ti", arremete, "y se ha liberado de la esclavitud que tú aún soportas. Y lo ha hecho gracias a mí".
La reina siente cómo la lanza atraviesa la piel de la diosa de la guerra. Algo parecido a un grito ahogado resuena en todo el Plano Ascendente cuando la diosa de la guerra da un paso atrás.
Y entonces la diosa de la guerra se ríe.
"ERES UNA ENEMIGA DIGNA", dice mientras carga su lanza. "ESPERO CON ANSIAS NUESTRA PRÓXIMA BATALLA".
Se marcha del campo. La reina está sola, sangrando y agotada.
La guerra ha comenzado.
