Muerte Roja (renovado)
Fusil de pulsos · ExcepcionalLa política de la Vanguardia sigue exigiendo a los guardianes que destruyan esta arma nada más verla.
Primero, el desmontaje. Hay que tener mucho cuidado con la bayoneta: está muy afilada.
Después del desmontaje, viene la limpieza. Hace acopio de hisopos, lubricantes y agentes corrosivos.
La Muerte Roja se resiste a eliminar la mugre de las batallas pasadas. Raspa la suciedad con lana de girometal durante horas hasta que las últimas marcas grabadas en el cuerpo finalmente desaparecen.
El equipo había eliminado al carnicero antes de añadir la marca de Ceto, Luz de su Luz. Falta uno en la cifra total.
Aun hecha pedazos, la Muerte Roja es una presencia malévola. Conoce su propósito y quiere continuar su obra.
Después de la limpieza, viene la purificación.
Vuelve a montar el arma y la sostiene como si fuera a disparar. Su Luz se intensifica y se torna radiante.
El destello de la Luz solar es como la llegada del calor tras una noche helada; el poder sanador de la vida misma. Las alas se extienden en su espalda, dibujando marcas de quemaduras por todo el techo. En sus brazos, la Muerte Roja desprende un brillo escarlata, amarillo y luego blanco.
Lucha contra el cambio. Ella no la suelta. Sus sombras desaparecen, lentamente, hasta que no queda ninguna.
Después de la purificación, viene la devoción.
Poco a poco, deja ir su Luz. Sus alas parpadean para luego desvanecerse. Cuando empieza a notar el metal frío de la Muerte Roja en las manos, una chispa de Luz solar permanece en su interior. Su propósito se ha renovado.
Encontrará a quienes privan a los guardianes de su última vida y los llevará ante la Luz.
No por venganza, sino por justicia.
Por Ceto.
