Nuevo Malpaís
Fusil de pulsos · Excepcional"¡Decídete! Tus principios o el poder. No puedes tener ambos". (Araña)
"¿Perdido? ¿Cómo se ha perdido exactamente?", rugió la Araña.
Arrha mantuvo la cabeza baja, ocultándose con gusto tras la oscuridad del casco. Sabía que la mínima señal de insubordinación podría despertar en su jefe un arrebato de furia.
"Nos emboscaron durante el intercambio en Marte", explicó el socio. "La última transmisión confirmaba la entrega. Doce prototipos con números de serie verificados".
"¿Y?". La Araña sacó las especificaciones de la fundición de las armas en cuestión: fusiles de pulsos compactos con munición experimental. Había pagado un extra por información confidencial de la división investigadora de la fundición. ¿Se la habrían colado?
"Cuando el comprador se fue, las comunicaciones se quedaron en silencio", le explicó Arrha. "Mandé a unos carroñeros y encontraron los cuerpos. Parecía obra de martillos antorcha, fusiles de línea y fusiles de postas. Sabotearon la nave, pero dejaron la chatarra".
"Así que es cierto", murmuró la Araña.
La aparente calma del jefe criminal inquietaba a Arrha. Tal estado de reflexión solía preceder a un movimiento drástico que, sin duda alguna, los pondría en peligro a todos.
La Araña no decepcionó.
"Carga el queche", le ordenó. "Nos vamos a Marte".
"Barón", se le escapó a Arrha sin pensarlo, "deja que me ocupe yo. Rastrearé el cargamento y a los ladrones".
"Por supuesto que sí", contestó la Araña. "So pena de mutilación".
"Pero esto es más que un único cargamento. Confirma lo que he estado oyendo de un mercado emergente en la frontera marciana. Uno con jugadores nuevos y bien financiados… y sin supervisión regulatoria. Una masacre en potencia".
"¡Y ahora trae mi queche!", gritó. "Ya vamos tarde".
