Ovación Cerrada
Lanzacohetes · ExcepcionalOlvida el dolor, olvida los ensayos, olvida las ampollas de los zapatos de baile. El público te está esperando.
Rashida ab Owai, científica, enciende la grabadora. Como está enganchada a la correa del bolso, se da un golpecito en el pecho para hacerlo.
La cosa de vidrio y metal del risco hace lo propio con un movimiento mecánico y errático.
Rashida se rasca la cabeza con el bolígrafo. La cosa se rasca la parte inferior puntiaguda del cráneo. O de la estructura parecida a un cráneo, se recuerda Rashida.
La cosa es más alta que ella, pero más baja que un elixni adulto. Es bípeda, tiene dos brazos y es bilateralmente simétrica. Una luz blanca azulada divide en dos su estructura craneal, y su brillo es más fuerte que el del vidrio central. Rashida se inclina para ver mejor lo que contiene. De nuevo, la cosa la imita y su cresta en forma de abanico refleja la luz.
Rashida agacha la cabeza hacia la grabadora, consciente de cada pequeño movimiento. "Nuevo descubrimiento que necesita investigación", susurra. "Ser mecánico o biomecánico, posiblemente sintiente. Tiene un compartimento transparente en el lado ventral que contiene una materia brillante. ¿Será cristal líquido? ¿Una fuente de energía?".
Rashida es una ingeniera mecánica especializada en el diseño y mantenimiento de sistemas hidropónicos. No está en absoluto cualificada para entablar contacto con una posible segunda especie no humana en Kepler.
"Necesito… lingüistas. Antropólogos. Biomecánicos. Programadores. Por la Anomalía Sagrada, necesito biólogos evolutivos".
La cosa se acerca dando un paso trémulo. Rashida la mira de arriba abajo.
Da un paso hacia ella, imitando el movimiento. La cosa la señala. Ella señala a la cosa primero y luego a sí misma, a la espera de una respuesta.
Rashida necesita expertos. Solo se tiene a sí misma.
"Hipótesis, prueba, iteración", murmura, tranquilizada por el mantra. "Amén".
