Perpetualis
Fusil automático · LeyendaPara los soldados de la guerra eterna.
Devrim Kay estaba sentado en la desgastada mesa de trabajo, oculto en un rincón de la Villa. Desmontó y limpió su fusil con una eficiencia practicada, sus dedos se movían solos mientras su mente divagaba.
El francotirador recordó una conversación que había mantenido con Eido, la hija del kell Mithrax. Devrim había encontrado a la escriba encantadora, sabia y a la vez inocente. Habían hablado largo y tendido sobre su visión de la Casa de la Luz como agente de paz entre los elixni y la humanidad.
En ese momento, le había convencido su optimismo juvenil. Le despertó algo que llevaba mucho tiempo dormido: una visión de futuro más allá de la violencia cotidiana de su vida en Trostlandia. Salió de su conversación convencido de que a los elixni les esperaba un futuro mejor.
Pero en ese momento, a la fría luz del día, su cinismo se reafirmaba. Aunque la Casa de la Luz siguiera siendo un aliado incondicional, dudaba de que los demás elixni de todo el sistema siguieran su ejemplo. Al fin y al cabo, los vándalos normales no luchaban por la política, la ética o la filosofía. Luchaban en un juego por el control territorial en el que unos ganan y otros pierden… como él.
Además, la guerra era lo único que conocía. Había crecido en este conflicto; se había criado en él. Sin él…, ¿qué era?
Devrim bajó la mirada y se sorprendió al ver que su fusil ya estaba montado de nuevo. Había completado la tarea sin darse cuenta. ¿Qué se podía hacer contra una violencia tan arraigada?
Sacudió la cabeza, frunció el ceño y volvió a empezar.
