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El Criptarca
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Psicopompo (experto)

Lanzagranadas · Leyenda
Te traeremos a casa.
Lore

Psicopompo

Los psiónicos, debiluchos y miserables, van primero. Son incapaces de aguantar la presión; uno de ellos se lo contó a Olgurn antes del fin. La nave entera que los rodea los asfixia y exprime el fluido de sus cerebros.

El resto, hijas e hijos de Torobatl con la cabeza ya de piedra, aguantan un poco más. La abuela de Olgurn de la aldea quería morir en las arenas. Que el viento erosionara sus rasgos osificados. Así es como se hacían las cosas en el lugar de donde venimos.

El día que se unió a los quemadores celestes, la reclutadora le dio su óbolo, y él aprendió algo nuevo.

"Esta es tu muerte", le dijo. "Llévalo en el bolsillo y nunca lo olvides. Los demás quemadores celestes lo cogerán cuando te llegue tu hora".

"Ahora, coge el arma. Ese es tu deber. La victoria para el imperio. Para el emperador".

Olgurn tuvo que realizar a solas los ritos para el Gran Grusk. Tuvo que abrirle la armadura destrozada con un soplete para recoger su óbolo. Ahora está solo, reptando por los túneles con quitina alienígena atornillada a su armadura y esporas de gusano por todas partes. Huele a acólito.

Como último superviviente, es el oficial al mando, lo que significa que el Acorazado es su responsabilidad.

Y, por eso, Olgurn se pone su apestosa armadura y se arrastra por los túneles, coloca explosivos y se asegura de situarse a la distancia de seguridad mínima antes de activarlos. Es un quemador celeste; pronunció el juramento. No puede rendirse.

Cuando llegue su relevo, Olgurn le entregará su informe y su óbolo.

Sonando