Sublimación
Fusil de explorador · LeyendaUna voz que no es la tuya.
Illiiks podía sentir su carne despegándose del interior del caparazón. Al estirar sus extremidades, oyó un chasquido seco. El dolor causado por la privación de éter era como un rumor lejano. Cuando logró volver al presente, vio que el arconte primario se dirigía a su Casa desde lo alto de las ruinas de su antiguo queche.
"Las costumbres del pasado han dejado de ser necesarias. Los grilletes de Kiir-Ohn. Aquí, el Otorgante nos ha regalado algo más allá del mero alimento de nuestros cuerpos. Nos ofrece la ascensión del espíritu".
¿El alimento no basta? Pensó Illiiks. ¿Nuestros cuerpos no valen nada? Al menos con Szuurin-kel no nos moríamos de hambre.
"Tampoco prosperábamos", bramó el arconte primario mirando directamente a Illiiks. El escoria dio un respingo. ¿Le había escuchado?
"Durante un eón en la Corriente, bastaba con sobrevivir. Lo era todo", continuó el arconte devolviendo su atención a la gente congregada. "Y la supervivencia se convirtió en nuestras costumbres, pero se acerca una nueva era: un renacimiento. Para el Otorgante y nuestra Casa".
El arconte primario sostuvo en el aire un recipiente de cristal acoplado a un gran respirador. Antes contenía un brillante éter blanco, pero ahora estaba lleno de un tenue lodo vegetal: materia oscura.
"Si aceptáis al Otorgante, os convertiréis en más que supervivientes, en más que elixni".
Más tarde, mientras Illiiks convulsionaba en el suelo y las articulaciones de su caparazón burbujeaban con ampollas fosforescentes, sintió la materia oscura en su cuerpo; mecánica, turbia, poderosa. No saciaba su hambre, pero hacía que la olvidara.
¿Lo ves? Pensó Illiiks en una voz que no era la suya. Acepta lo que te otorga y asciende.
