Susurro Ensordecedor
Lanzagranadas · Leyenda"El mensaje correcto se oye a cualquier volumen". (Osiris)
El acólito avanza por el campo de batalla sorteando cuerpos. Da alegres zancadas bajo las impasibles estatuas de las técnidas insomnes, incapaz de hacer la conexión abstracta entre los monumentos y los cuerpos que le rodean.
Pasa entre los materiales con el mismo interés: telas sangrientas, escombros de piedra, papeles quemados y vísceras. Examina una cartuchera vacía. Engulle una mata de cabello sin saborearla.
El acólito rueda sobre la parte superior de un cadáver dividido por los ojos vacíos de Tulkor. A diferencia de otros enemigos, este sigue aferrado a un tubo negro. No es de carne, sino de metal. Se detiene.
¿Arma?
Arranca el tubo de los dedos rígidos del enemigo. Recuerda sentir que el tubo rugía. En una serie de explosiones, ve la ferocidad de Xivu Arath.
Arma.
Por primera vez desde que empezó el ataque, el acólito observa la forma final. Con esta arma, el acólito podría ascender. Podría imponer la lógica. Esta arma podría destruir…
Un crujido hueco interrumpe sus pensamientos.
Los ojos del acólito se apagan y se desploma bajo el impacto de la espada de un caballero. El caballero aparta el cadáver de su subordinado de un manotazo y recoge el lanzagranadas con la otra.
Un arma exquisita. Digna de un caballero de Xivu Arath.
