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El Criptarca
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Tiroteo

Fusil automático · Leyenda
¿Cuál es la parte más aterradora de un tiroteo? Absolutamente todo.
Lore

Los pies de Sigfrido tocan una rejilla de metal a diez brazas de profundidad en el Leviatán, donde los serpenteantes túneles se bifurcan en miles de direcciones. El lugar es amplio, oscuro y vacío. Él alterna entre la visión nocturna y la termografía de su casco. Luego, mira a su escuadra.

Ve el camuflaje elixni reluciente que distorsiona la figura de sus siete compañeros que descienden por el conducto. Desactiva el suyo. Ante sí, se halla la base de una construcción robótica que se parece a Calus. Le dobla la estatura y los mecanismos expuestos de sus engranajes internos son tan viejos que crujen.

Cuatro legionarios cabal, dos simbiontes elixni y un Aedo del sol práxico llegan justo después de Sigfrido y desactivan sus capas. Los simbiontes se dedican a establecer una conexión con el autómata, mientras los legionarios delimitan el perímetro a sus espaldas. Sigfrido está con ellos.

El hechicero no le quita el ojo al autómata.

"Unión… creada". Uno de los elixni se gira hacia el hechicero y asiente. El hechicero da un paso hacia adelante…

"¡Ladrones merodeando por mi Leviatán!", vocifera el autómata con la voz de Calus y, con una mano metálica, da un manotazo a un simbionte que se estrella contra la pared y se desploma inconsciente. El segundo simbionte retrocede de un salto y se refugia tras un legionario. El hechicero práxico lanza una descarga de fuego celestial a la cara del constructo. En respuesta, un puño de acero atraviesa el humo y aplasta al hechicero contra el suelo.

Sigfrido mira a los legionarios y grita: "¡Contacto!".

Los cabal abren fuego con fusiles de postas. Las municiones repican contra el metal. El simbionte que queda apunta a la maquinaria expuesta del constructo con su pistola de arco.

Sigfrido corre y se desliza para encararse al autómata. Se enciende con llamas solares y carga con el hombro contra el constructo que se estrella contra la pared de la cámara. Esquiva un puñetazo y se agarra al chasis del autómata para girarle la espalda hacia su escuadra.

El Aedo del sol da una bocanada de aire: vuelve a estar vivo. Se lleva al elixni inconsciente, toma posición entre los legionarios y grita: "¡Fuego concentrado!".

Con un movimiento rápido, el hechicero práxico combustiona con Radiancia solar. Eso alienta a la línea de fuego de los tiradores cabal y llena de valentía el corazón reluciente del simbionte. Las postas ardientes perforan y la pistola de arco acierta en una de las rodillas del autómata.

Los fusiles de postas destruyen el rostro del constructo, que se desploma sobre el suelo y empieza a gatear frenéticamente hacia ellos, rasgando el metal del suelo con cada movimiento.

El titán alza una mano y con una ráfaga de fuego invoca un mazo de devastador. Golpea el mazo contra la espalda del autómata y lo derriba, esparciendo por el suelo pedazos de metralla humeante.

Sigfrido mira al Aedo del sol y al resto de la escuadra. "Contacto finalizado… sigamos".

Sonando