Trinidad Macabra
Arco de combate · Excepcional"No podía permitirme fallar. No cuando su vida estaba en juego." (Marin Mansanas, Avanzadilla Enredada)
"Marin Mansanas...", la voz del Fusilero siseó por el intercomunicador. "Pensaba que no vendrías".
Marin escupió en el suelo polvoriento, y lo pisó con el talón de su bota. Entrecerró los ojos para examinar la extensión polvorienta de las Altas Llanuras. Ignoró al Fusilero para dirigirse a la otra persona del canal, el excorsario Errol Mayz, que estaba a setecientos metros de su posición, solo y con la manos detrás de la cabeza y haciendo equilibrios con una lata de éter sobre la cabeza.
"Errol, hijo de técnida".
Ella vio como se encogía de hombros en la distancia. Su voz áspera sonó por radio y le hizo cosquillas en el oído. "Lo siento, Rin".
"La conoces la apuesta". El Fusilero odiaba ser ignorado. "Manos a la obra. Si crees que puedes acertar el tiro".
Marin miró los montones de escombros que salpicaban las Altas Llanuras, buscando la posición del Fusilero. Con casi toda seguridad, el grandullón de cuatro brazos parado en la otra colina era un cebo. Pero no valía la pena arriesgar la vida de Errol por una suposición. "Puedo acertar el tiro. Y espero que hagas honor a la apuesta aunque pierdas un kilo de éter y yo me largue con Mayz".
Áspera risa alienígena por toda respuesta.
Ella sacó tres flechas de su carcaj y susurró: "Pom, pase lo que pase, no salgas". Su Espectro respondió con un pulso cálido en su mano izquierda.
Se guardó en el cinturón dos flechas. La tercera la preparó en su viejo amigo, Trinidad Macabra.
La voz de Errol volvió, tan grave que casi pudo sentir el aliento caliente en su oreja.
"Eh, Rin".
"No hables, no respires".
"No falles, ¿vale?".
"Buena idea".
"Ya sabes a qué me refiero".
Marin tensó la cuerda de Trinidad Macabra, apuntó a la lata en la cabeza azul de Errol.
"Sí", dijo, "lo sé".
