Veladora
Espada · LeyendaSolo hace falta un poco de confianza.
El Nómada se inclinó hacia la barra de El Tanque de Éter, observando el ajetreo matutino. Ahora que los kell estaban fuera y que el barón depuesto de la Costa Enredada prefería el turno de noche, los días empezaban con calma. La Araña no quería que la despertaran tan temprano.
"Entonces", dijo la Araña con voz ronca y dirigiéndose a un elixni flacucho que estaba de pie bajo su mirada autoritaria. "Misraaks está tan ocupado salvando a los prisioneros de la Legión de las Sombras que es mi deber encontrarte algún trabajillo remunerado. ¿Lo entiendes?".
El elixni respondió con siseos y graznidos.
"No hace falta ser grosero, Thrysiks", dijo la Araña a la par que hacía un gesto al Nómada. "No queremos excluir a nuestro amigo de la conversación".
El escoria habló antes de que el Nómada pudiera expresar su indiferencia. "Thrysiks habla la lengua de los humanos. ¿Qué quiere la Araña?".
Su voz estaba llena de desprecio. Una expresión de sorpresa cruzó el rostro de la Araña durante un instante.
"La hablas bien", respondió la Araña con tono almibarado. "¿Dónde la has aprendido?".
Thrysiks se quedó en silencio. La Araña continuó.
"En cuanto a lo que quiero… He oído que te fuiste de la Casa de Eramis. Los secretos se pagan bien. Y espiar aún más".
Thrysiks juntó dos puños sobre su pecho y empujó los brazos hacia atrás bruscamente.
"Thrysiks te conoce, Araña de la Costa Enredada. Thrysiks no tiene nada para la Araña".
El Nómada se rio. La Araña se inclinó hacia delante. Su respirador emitía un siseo bajo y gutural.
"Repite eso".
Thrysiks ni se estremeció ni apartó la mirada. Hubo un momento tenso de silencio.
"Ya lo has oído", dijo el Nómada al fin. "No está interesado".
La Araña resopló y se recostó en la silla mientras el Nómada guiaba a Thrysiks afuera, hacia la calle.
"Como acabas de ver", dijo el Nómada en voz baja, "la Araña intenta valerse de esa caridad para conseguir más gente para su tripulación. Eido me dijo que lo vigilara, y también que se te dan bien los niños".
El Nómada se detuvo ante la confusión de Thrysiks.
"¡Crías! Bien abrigaditas y sonrientes. Tan monas que podría comérmelas".
La confusión se transformó en aprensión.
"Ah, solo es una expresión. Un dicho de la antigua Tierra", explicó el Nómada. "Pero bueno, hay muchos huérfanos que vienen de la ZME y tu escriba está algo preocupada. Eido dijo que los cuidaste el otro día. Y que hasta los pusiste a cantar una canción. ¿Es cierto?".
"Sí. A Thrysiks le gustan las crías", respondió el elixni con un zumbido. El Nómada sonrió.
"Bien. Espero que tú también les gustes a ellos, profe".
