Zancada de Planck
Ametralladora · Leyenda"Puedes hablar con la misma libertad con la que aceptas tu castigo". (Arask, señor de la piratería)
Arask, triunfante, sostenía la reliquia reluciente sobre su cabeza mientras avanzaba entre la tripulación jubilosa. "Justo aquí, donde dije que estaría", gritó, y recibió un estruendo de aprobación. Solo quedaba ponerla a salvo en su escondite y esperar a que llegara Eramis.
"Tú", dijo Arask señalando a un escoria que estaba al fondo de la multitud e intentaba desesperadamente pasar desapercibido. El escoria miró a su alrededor confundido.
"¡Tú!", volvió a gritar Arask mientras avanzaba hacia el escoria, que ahora intentaba inútilmente perderse entre la multitud. "Apostaste a que no sería capaz de recuperar la reliquia, ¿verdad?", preguntó Arask poniendo la reliquia irisada frente a la cara del escoria.
La miserable criatura se encogió y negó con la cabeza. "N… No, yo…".
"Dime la verdad", dijo Arask con impaciencia. La tripulación presionaba acercándose ansiosa.
El escoria, tembloroso, cerró los ojos y asintió.
Arask frunció el ceño de forma comprensiva. "Dilo", suspiró. "Dilo".
"Sí, lo hice", gimió el escoria, y se tapó la cara con las manos.
Arask asintió y lo dejó lloriquear durante unos instantes.
"A la cabina de los errores", ordenó con frialdad.
La tripulación estalló de alegría, gritando a su alrededor, y se lanzó sobre el escoria aterrorizado antes de llevárselo para castigarlo.
