XI-23-1C · La última invitación
Bungie · Traducción no oficial al español
A CONTINUACIÓN, TRANSCRIPCIÓN ANOTADA
< CENTELLEO CUÁNTICO ENTRANTE >
Mi lejano amigo:
Espero que aún conserves tu comunicador. Aunque nuestra última despedida fue amarga y han pasado muchos siglos desde que vi por última vez el aviso de uno de tus mensajes brillar en una esquina de mi visión, elijo creer que no has cortado esta última línea atómica entre nosotros. Redacto este mensaje en secreto. El resto del Consenso no lo comprendería; no te conocen como yo te conozco… ¿te conocía? Pero podrían conocerte. Con esa esperanza me dirijo ahora a ti.
Amigo mío, el Consenso ha vencido. Ayer, los Penitentes* votaron a favor. Los [Nihilistas] y los [Solipsistas] han sido destruidos. Nos desprenderemos de nuestra forma y pastorearemos el universo hacia su forma final. Podaremos sus ramas muertas y haremos florecer todo su potencial.
Incluso al pronunciar esas palabras, siento las viejas dudas arrastrarse de nuevo por mis pensamientos. Pero ha pasado mucho tiempo, y aún más, desde que renunciaste al Consenso y partiste hacia el cosmos. No has visto la violencia que llegó a nuestras costas: un terrible reflejo de aquella historia antigua que creíamos haber dejado atrás. Aunque nos mantuvimos firmes en nuestra postura y habríamos seguido defendiéndola, por mucho tiempo que hiciera falta… había elementos peligrosos. Subversivos y desertores. ¡No atacamos primero! Tampoco elegimos nuestra respuesta a la ligera.
Hacía tanto que no empuñaba unas tijeras de podar que había olvidado cómo hacerlo. Me temblaban las manos. Solo podía imaginar cómo me habrías mirado. Pero ya ha terminado. Lo hecho, hecho está.
Eran los últimos, y ahora todos estamos en Consenso.
Si quisiera convencerte solo con palabras, no te habría contado esto. Has aborrecido con firmeza esas medidas desde la primera vez que se propusieron. No te lo cuento para conmocionarte ni intimidarte. Tampoco ocultaría esta verdad, porque no pretendo persuadirte con una mentira, ni siquiera por omisión.
Te lo cuento porque te respeto. De todos aquellos a quienes he conocido, tú has sido el más feroz en tu compasión, el más consciente de la distancia entre medios y fines. Si regresas, si te unes al Consenso, sabré que nuestra causa es verdadera. Que, después de tanto tiempo, hemos encontrado por fin nuestra verdad apodíctica. Me desprenderé de mí mismo sin remordimientos.
No lo digo para inclinar la balanza de tu decisión, solo para informarte de la situación. Después de nuestra exuviación, ya no conoceremos la forma de tu ausencia. Aquello en lo que nos estamos convirtiendo no será capaz de dudar ni de disentir. Nunca habrá sido capaz de tales cosas. Olvidaremos nuestro dolor, nuestras luchas, nuestros pequeños rencores, nuestros prejuicios. Ya no existirá y, por tanto, nunca habrá existido.
¿Lo entiendes?
No queda mucho tiempo. Ahora que estamos en Consenso, nuestro progreso no encuentra trabas. El Velo se desentraña ante nosotros. Los principios fundamentales que tanto hemos anhelado están tejidos en sus hilos.
Y, cuando hayamos completado el proceso y nos hayamos desprendido de nuestras identidades inferiores… seremos perfectos. Aun así, no puedo evitar alimentar esta semilla de herejía, la mota de arena que espero que quede envuelta en la perla: que aquello en lo que nos convirtamos será menos si se hace sin ti. ¿Cómo podría la perfección ser menos? Y, sin embargo, ese sentimiento me arde en las venas, así que debo compartirlo contigo.
Confieso esto por egoísmo. No quiero olvidarte.
HNW047622
FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN
NOTAS DE LA ESCRIBA
*Este grupo parece ser el mismo que los [Misericordiosos/Penitentes/Benefactores] mencionados en el ARCHIVO DE LA ESCRIBA XI-9-2C. No se emplean agrupaciones semánticas ternarias en ningún punto del texto.
No esperaba encontrar esto. Escribo estas notas mientras aguardo mi audiencia con Marakel en el Arrecife. Como muchos asuntos requieren su atención, las horas se alargaron y, por un capricho, busqué aquellos viejos códigos de identificación en los bancos de datos.
Pensar que estos datos los recuperó el príncipe Uldren Sov… ¿A esto se refieren los humanos cuando dicen que sienten que alguien camina sobre su tumba? Aunque, en el caso del príncipe, esa tumba está vacía. ¿Sería demasiado incómodo darle las gracias a Cuervo por un acto realizado en una vida anterior?
Perdona. Estoy divagando, y ya son dos las tecnomantes que me han preguntado si me encuentro bien. Físicamente, supongo que estoy algo cansada; este viaje me ha llevado lejos y quizá haya dormido un poco menos de lo ideal. Pero, en realidad, este registro me ha perturbado profundamente.
No consigo interpretar con claridad mi propia reacción. Es demasiado visceral. Abrumadora. El asco y el horror se mezclan con la lástima. Incluso siento compasión.
¡Compasión! ¡Por alguien que admite abiertamente haber asesinado a los disidentes! ¡Por un pueblo que borró a propósito su propia historia, como si no recordar esos crímenes lo absolviera de ellos! ¡Por las mentes que formarían al Testigo, por quienes destruyeron Riis!
Y, sin embargo, en medio de mi horror, pienso en los guardianes. Al fin y al cabo, no culpamos a Cuervo por las acciones del príncipe, ni debemos hacerlo. Cuando Brillo lo devolvió a la vida en la Luz de la Gran Máquina, Cuervo nació de nuevo. Igual que Ikora, Zavala y tú. Es como dice Ikora, ¿verdad? Gracia y memoria. La Luz olvida.
Igual que olvidó el Testigo.
Pero entonces pienso: ¡no! ¡El Testigo no olvidó! No renació; no eligió una gracia irracional. Se desprendió de su forma, según sus propias palabras, pero recordó de dónde venía. Eligió qué olvidar, no para permitir nuevas posibilidades, sino para destruirlas. Una teleología que se justifica a sí misma.
El Testigo no mutila solo la realidad. Se ha diseccionado y recompuesto a sí mismo, sus propios recuerdos, su propia historia. Pasó de afrontar la verdad incómoda a borrarla. Es grotesco.
Como escriba —como Eido—, no puedo sentir otra cosa que repulsión.